sábado, 9 de mayo de 2009

Giri Bala, la Santa que nunca come



Giri Bala es citada por HRM.
Aquí va un extracto de "Autobiografía de un Yogui", donde Yoganando relata su encuentro con ella. Gracias Adriana!


"Muy pronto una pequeña figura apareció en el umbral de la puerta:¡Giri Bala! Estaba envuelta en una tela de seda de color de oro opaco. Según la usanza de la India, se acercó con modestia y con un ademán vacilante, mirándonos tímidamente por debajo del pliegue superior de la tela de su swadeshi. Sus ojos brillaban como rescoldos en a sombra que producía en su rostro la prenda de su cabeza. Todos nos vimos arrebatados por un rostro lleno de bondad y benevolencia extraordinarias, un rostro de positiva realización, de absoluta comprensión, libre de las manchas del apego por las cosas terrestres.Tímidamente se acercó y consintió a que la tomáramos fotografías y películas. Con actitud paciente y humilde, esperó que pusiéramos en práctica todas nuestras técnicas fotográficas de ajuste y cambio de luces. Finalmente obtuvimos para la posteridad, muchas fotografías de la única mujer en el mundo que se sepa haya podido vivir más de cincuenta años sin comer ni beber. (Teresa Newman, por supuesto, ha ayunado desde (1923). La expresión de Giri Bala, era sobre todo maternal mientras estaba ante nosotros, completamente cubierta por la suelta y ondulante vestidura, sin que viera de su cuerpo nada, excepto los ojos modestos su rostro bondadoso, sus manos y sus pequeños pies. Un rostro de extraña paz y de inocente serenidad, los labios anchos y temblorosos, como los de una niña; una nariz femenina, los ojos angostos y brillantes y una sonrisa pensativa...
La pequeña santa sentose en el pórtico con las piernas cruzadas. Aunque demostraba las naturales señales de su avanzada edad, no se veía extenuada; su piel aceitunada, había permanecido limpia y saludable, y su tono era nítido.
—Madre— dije en bengalí— durante más de veinticinco años he pensado con ansiedad el momento de esta peregrinación. Oí hablar por primera vez de su sagrada vida de Sthiti Lal Nandy Bedu.
Ella asintió en señal de reconocimiento.
—Sí, mi buen vecino de Nawabganj.
—Durante estos años he cruzado los mares, pero nunca he olvidado mi primitivo plan de que algún día podría verle. El drama sublime que, de modo tan modesto, está viviendo usted aquí, debe ser conocido y proclamado, ante un mundo que ha olvidado el divino alimento interior. Durante un minuto ella levantó los ojos, sonriendo con sereno interés.
—Babu (reverenciado Padre) sabe lo que es mejor. —Contestó humildemente....
—Madre—continué—, perdóneme pues que le abrume con tantas preguntas. Le suplico que responda pues aquella que desee; sabré comprender su silencio cuando lo haya.
Ella extendió las manos en un gesto lleno de gracia.
—Responderé gustosa, por más que me considero demasiado insignificante para ofrecer respuestas satisfactorias.
— ¡Oh, no; insignificante, no!—protesté sinceramente—¡Usted es una gran alma!
—Soy una humilde sirvienta para todos—agregó de un modo singular—. Me gusta en extremo cocinar y alimentar a los demás.
"Extraño pasatiempo—pensé yo—para una santa que jamás come".
—Dígame madre, quiero oírlo de sus propios labios, ¿vive usted jamás sin probar alimento alguno?
—Sí, es verdad—permaneció en silencio durante algunos momentos; su siguiente comentario reveló que había estado haciendo cálculos durante ese lapso —Desde la edad de 12 años y cuatro meses, hasta mi presente edad de sesenta y ocho años, o sea durante un periodo de más de cincuenta y seis años, no he probado alimento, ni bebido líquido alguno.
— ¿No siente jamás la tentación de probar alimentos?
—Si experimentara algún deseo de comer, me vería sin duda, obligada a hacerlo. —Con sencillez y, no obstante de un modo regio, expresó esta verdad axiomática, ¡bien conocida, por cierto, en un mundo que gira en torno a tres comidas al día!
— ¡Pero usted debe de comer algo! —Mi tono era de súplica.
— ¡Desde luego! —sonrió en rápida comprensión.—Su nutrición se deriva de las más sutiles energías del aire y de la luz solar, y del poder cósmico que recarga de energía su cuerpo a través del bulbo raquídeo.—Baba lo sabe. —Otra vez me había expresado su conformidad de manera suave y enfática.
—Madre por favor, reláteme algo de los primeros años de su vida. Hay en ello un gran interés para toda la India y aún para todos nuestros hermanos y hermanas de allende los mares.
Giri Bala hizo a un lado su reserva habitual y se dispuso a hablar con animación.
—Así sea. —Su voz era baja y firme—. Yo nací en estas selváticas regiones. Mi niñez nada tiene de excepcional, aparte de que en mis primeros años, me dominaba un insaciable apetito. Fui desposada siendo muy joven.—Niña —solía decirme mi madre—, trata de gobernar tu gula. Cuando llegue el momento en que te veas obligada a vivir entre extraños, con la familia de tu marido, ¿qué van a pensar de ti si ven que tus días están sólo ocupados por la preocupación de la comida?
La calamidad que ella había previsto se realizó. Contaba apenas doce años, cuando me reuní con la familia de mi marido en Nawabganj. Mi suegro solía avergonzarme de mañana, tarde y noche por mis hábitos de glotonería. En realidad sus regaños eran bendiciones disfrazadas, puesto que supieron despertar mis tendencias espirituales adormecidas.
Cierta mañana, el escarnio de que solía hacerme objeto no reconoció misericordia.
—Voy a probarte muy pronto —díjele yo entonces, movida a rápida decisión— que no volveré a tomar alimento alguno mientras viva.
— ¡Vaya! — Dijo— ¿Y cómo podrás vivir sin comer nada, cuando ni siquiera puedes vivir sin comer demasiado?.
— ¡Esta observación era incontestable! No obstante, una resolución de hierro se había apoderado de mi espíritu. Buscando un lugar apartado, me dirigí al Padre Celestial.
—Señor —oré incesantemente— enviadme un gurú que me enseñe a vivir de Tu luz y no de los alimentos de la tierra.
Un divino éxtasis se apoderó de mi. Guiada de un beatífico embrujo, me dirigí al ghat de Nawabganj, en el Ganges. En el camino hallé al sacerdote de la familia de mi esposo.
—Venerable Señor —le dije confiadamente—, ¿podría indicarme cómo puedo vivir sin comer?
Él se quedó mirándome sin pronunciar palabra. Finalmente me habló de un modo consolador.
—Niña —dijo—, ven al templo esta tarde; dirigiré una ceremonia védica especial para ti.
Esta ambigua respuesta no era lo que yo buscaba; continué mi camino hacia el ghat. El sol de la mañana penetraba las aguas; me purifiqué en el Ganges, como si estuviera ante la perspectiva de una iniciación sagrada. ¡Al salir envuelta en mis empapadas ropas, mi maestro, en la plena luz del día, se materializó ante mí!
—Pequeña, querida mía. — Dijo con una voz de amante compasión—. Soy el gurú enviado por Dios, para satisfacer tus ardientes plegarias. Él se vio profundamente conmovido por el desusado carácter de tu petición. Desde hoy, vivirás exclusivamente de la luz astral y todos los átomos de tu cuerpo se verán alimentados por la infinita corriente.
Giri guardó silencio. Yo tomé el lápiz y cuaderno de notas del señor Wrigth y escribí, en inglés, algunos datos que le informarían de las palabras de la santa.
Ella reanudó su relato con voz apenas audible.
—El ghat estaba desierto, pero mi gurú esparció en torno nuestro un aura de luz protectora, a fin de que no nos viéramos molestados por otros posibles bañistas. Me inició en una técnica de kria que libera el cuerpo de la dependencia de alimentos groseros de los mortales. La técnica incluye el empleo de cierto mantra y un ejercicio respiratorio más difícil del que cualquier persona normal podría practicar. No hay de por medio ninguna magia ni medicina; nada más que la kria.
A manera del periodista norteamericano que, sin saberlo, me había enseñado sus procedimientos, pregunté a Giri Bala sobre muchos asuntos que pensé serían e interés para el mundo. Me dio paulatinamente, la siguiente información:
—Nunca he tenido hijos, hace ya muchos años que me convertí en viuda, duermo muy poco, ya que dormir y velar son para mí la misma cosa. Medito por la noche y durante el día atiendo a mis deberes domésticos. Apenas si siento el cambio de clima de estación en estación. Jamás he estado enferma ni experimentado ninguna dolencia. Cuando me hago daño accidentalmente, experimento muy poco dolor. No tengo excreciones corporales. Puedo gobernar mi corazón y mi respiración. A menudo veo en forma de visiones, a mi gurú y a otros grandes espíritus.
—Madre, —pregunte—, ¿por qué no enseña a otros el método de vivir sin necesidad de comer?Mis ambiciosas esperanzas para los millones de hambrientos en el mundo fueron prontamente destrozadas.
—No. — Ella sacudió la cabeza—. Mi gurú me ordenó de modo muy estricto que no divulgara el secreto. No es su deseo intervenir en el drama de la creación de Dios. ¡Los agricultores no me lo agradecerían que yo enseñara a muchas personas a vivir sin comer! Los ricos y delicados frutos yacerían en el suelo, sin utilidad alguna. Parece que la miseria, la enfermedad y el hambre son latigazos de nuestro karma, que finalmente nos conducen a buscar el verdadero sentido de la existencia.
—Madre, — dije lentamente— ¿con qué fin ha sido usted elegida para vivir sin necesidad de alimentos?
—Con el fin de comprobar que el hombre es espíritu.—Su faz resplandeció de sabiduría—. Para demostrar que, mediante el desarrollo espiritual, el hombre puede gradualmente aprender a sustentar su vida en la Luz Eterna y no en la alimentación.

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